El alcohol en nuestras vidas

El alcohol en nuestras vidas

29/11/2017 10 Por Victor

El alcohol está totalmente instaurado en nuestras vidas. Es un tema bastante controvertido. Todo el mundo tiene una opinión al respecto, y una historia alrededor. Yo el primero, así que voy a intentar que no se traduzca mucho mi experiencia en estas líneas.

España, como la definió Machado “La España de charanga y pandereta…” nos retrata a la perfección. ¿Cuántas celebraciones tenemos en las que estás involucrados comida y alcohol? Somos un país al que le encanta reunirse entre cerveza, vino, copazos y tapas. Forma parte de nuestra cultura.

Así que ya de base, contamos con un prejuicio cultural. Desde que somos niños, vemos como normal el alcohol entre los adultos. Bajar al bar y tomarse dos cañas. Quedar en una terraza y pedirse una jarra fresquita, el bermut, el carajillo después de la comida, el vino en la cena, las copas por la noche… Hay dónde elegir. Y no se hace todos los días, pero es algo normal y usual.

 

Gif de Leonardo Di Caprio brindando

Cheers!

 

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✩ Palabras clave: alcohol, sociedad, hipocresía, actualidad, cultura.

 

Salir de fiesta y el alcohol

En términos generales, ¿qué hacemos cuando empezamos a salir de adolescentes? Compramos alcohol en algún chino, y bebemos en un parque. O alguno de entre el grupo de amigos puede coger alguna botella de casa. Variando más o menos la edad (tirando a menos), todos pasamos por ese rito antes de los 18 años. Lo hicieron nuestros hermanos mayores, es “lo que se hace”

De ahí, ya cada uno toma su camino con el alcohol. Lo abraza, lo agarra fuertemente, se desprende de él, o lo mantiene a una distancia prudencial para saludarlo de vez en cuando. Pero eso conlleva un ejercicio de conocimiento interno, porque el estímulo exterior es de no alejarte mucho del alcohol. Incluso para “estudiar” compramos cervezas.

 

Imagen donde aparecen varias copas de cerveza

El alcohol en nuestra sociedad

 

Cuando rondamos los 20 años, los bares, las discotecas y la fiesta es patente en nuestra vida nocturna. Esto nos lleva a multitud de situaciones anexas de las que no se puede escapar. El ruido, la aglomeración de gente, el desfase… Todo ello genera un conjunto de energías que nos envuelve, y si no eres de necesitar un espacio personal mínimo te enganchas a ellas rápidamente. Te dejas llevar.

Dejarse llevar es una sensación agridulce. No tiene porqué pasar nada malo y puede ser que esa noche te lo pases genial. Otras veces se te puede ir la mano y pasarte con el alcohol (no tiene que ser nada grave, las típicas 2 horas de borrón en la memoria y la cena devuelta en cualquier esquina, con suerte no en tus zapatos). Algunas noches tienes que aguantar a otro amigo que se ha pasado de la raya y velar por él. Depende mucho de la actitud que lleves y las compañías que mantengas. Las noches buenas, por las no tan buenas.

El caso es que, cuando participas de estas energías, te sientes parte de algo mayor. Te sientes uno más. Y eso da seguridad.

Si tienes las cosas muy claras, puedes salir de fiesta sin beber ni una gota de alcohol, doy fe de ello. Tanto por experiencia propia, como por otros amigos, no recomiendo hacerlo. Ese mundo se disfruta si participas de él, no es tan divertido si no cedes. Te sientes desplazado, diferente al resto. Cuando todos se están riendo y bailando, tu estás con la atención en la música excesivamente alta, en no pisar ningún cristal y en no perder la chaqueta de vista. Así que mi recomendación es alejarse si no tienes intención de probar el alcohol. Hay muchas otras ocasiones para ver y hacer con amigos.

 

 

¿Dependencia al alcohol?

Hasta aquí llega lo que he comprobado empíricamente, pero hay ejemplos por doquier para saber lo que me depara el alcohol cuando sea más mayor. Por suerte o por desgracia, he transitado el otro lado de la barra también, y me ha tocado atender, charlar y convensar con muchos adultos.

Cambiamos la apariencia, las marcas y los vasos. Diferente continente, mismo contenido. Copas de vino que se acaban en un suspiro, cañas y tubos de cerveza para acompañar las tapas. En la mayoría de los casos, diariamente.

 

Imagen donde aparecen varias copas de alcohol diferentes

Diferentes sabores, tamaños y colores. A gusto del consumidor

 

 

Aceptación sociocultural

Realmente estamos unidos al alcohol. No vivimos por y para ello, pero sí hay una dependencia. Que cada uno lo explique como quiera, y le de los motivos que más le gusten. Pero sin alcohol… muchas costumbres que tenemos perderían todo el atractivo, ¿a que sí?

Como veis, no me meto en adicciones, ni con la gente que lo usa para paliar otros problemas. No es lo que quiero poner de manifiesto. No me centro en el extremo (cualquier extremo es nocivo, por descontado). Porque existe esa visión de que si no abusas, no pasa nada. Si no tienes que ir a rehabilitación, no tienes ningún problema con el alcohol. Los alcohólicos son los que no controlan, los que beben por necesidad.

 

Imagen de un brazo siendo esposado a una jarra de cerveza

Esclavos del alcohol

 

Amigo mío, tantas cosas damos por hecho… simplemente por nuestra salud mental. Para no entrar en conflicto con nosotros mismos. Si no me reconozco como parte del problema, puedo seguir criticando con toda potestad.

 

 

¿Somos tan indepedientes del alcohol como creémos? Una dura reflexión, al menos en mi caso.

Para que conste en acta, no critico el alcohol. Critico la hipocresía que compartimos y fomentamos todos para su uso y disfrute. Una más de tantas facetas en las que nos descuidamos y nos dejamos llevar.

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