Nutrir el Alma para saborear el jugo de la Vida

Nutrir el Alma para saborear el jugo de la Vida

01/12/2018 2 Por Sara

A medida que pasa el tiempo y me pierdo y me reencuentro, me doy cuenta de la importancia del ALIMENTO.  Pero no sólo es alimento lo que entra por la boca y se digiere, sino que también hemos de cuidar todo lo de algún modo nos nutre: qué escuchamos, qué leemos, qué elegimos ver, con quién nos relacionamos…

Todo ello alimenta nuestro corazón y nuestro Espíritu y si no le ofrecemos su correspondiente importancia, es fácil que nos perdamos en el camino. ¿En el camino hacia qué? Hacia la Verdad.

 

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La búsqueda del Propósito

Hace unos días escuché en uno de los increíbles vídeos de Rafa Millán y Mardía Herrero una metáfora maravillosa acerca de lo que significa estar o no estar en el camino. Cuando vivimos sin sentido, podríamos decir que deambulamos a tientas en un bosque de noche, dando círculos y rodeos a… no sabemos qué. Pero después de tanto y tanto caminar, de caernos en la oscuridad y levantarnos, damos con un río. Ese río representa nuestro propósito, sea el que sea, nuestro verdadero camino y, al seguirlo, llegaremos al Mar. El Mar no sólo simboliza la muerte, como bien decía Jorge Manrique, sino también la respuesta a este sinsentido que a veces parece ser la vida.

 

Imagen de un bosque con niebla

El bosque de la confusión, las tinieblas de nuestra mente.

 

Lo único que tenemos seguro en esta vida es que el final va a llegar, vamos a morir. Y es precisamente esta consciencia acerca de la muerte lo que da sentido a nuestra vida. No gozamos de tiempo ilimitado para hacer lo que nos dé la gana, no, tenemos un tiempo circunscrito. Hay que saber elegir con sabiduría qué camino queremos recorrer: el camino del Corazón, o el camino de la Materia.

 

 

Está de moda descuidar el Espíritu y agrandar el Ego

Lamentablemente, es muy fácil perderse. Gran parte de las cosas que nos rodean, a nivel mundano y cotidiano, nos incitan a perdernos y evadirnos de la sociedad. Esto tiene sentido, pues el modelo social y económico en el que vivimos se fundamenta en una sociedad profundamente infantil e infeliz.

Vivimos una vida carente de sentido real, proyectando la felicidad en “cuando pase X, seré feliz” o “y si pasara Y… sería tan feliz…”. Esto está maravillosamente bien explicado en la charla de Virginia Blanes titulada “La Felicidad no es lo que imaginas”. Nos dicen que seremos felices cuando nos graduemos en la Universidad… pero nos graduamos y, después de vivir el pico de euforia, nos damos cuenta de que eso no puede ser felicidad. Entonces proyectamos esta Felicidad a “cuando trabaje”, “cuando me case”, “cuando me compre una casa”, “cuando tenga hijos”… y, mientras tanto, la vida pasa. Y llega un instante en que nos plantamos con 50 o 60 años y nos damos cuenta de que no hemos vivido.

Qué gran sufrimiento vive aquél que, habiendo tenido toda una vida para vivir, ha decidido sobrevivir… Infravivir, mejor dicho. Pues ha vivido muy por debajo de lo que quería y podría haber sido.

 

La verdadera Espiritualidad es el mapa que guía tu vida

Efectivamente, con tanto estímulo, con tanto humo empañando el verdadero sendero, uno puede perderse muy fácilmente. Es por ello que, si quieres entregarte de corazón a la senda de tu Espíritu, debes recordar que es fácil extraviarse. Y tal como comemos entre 3 y 5 veces al día, también deberíamos nutrir nuestro Corazón con lecturas enriquecedoras para el Alma, con documentales, conferencias, charlas, vídeos etc. que nos recuerden el por qué de todo esto. Había una frase que decía que del mismo modo que si no nos duchamos todos los días, empezaremos a oler mal, lo mismo ocurre con la llama de nuestro desarrollo. Si no ponemos leña a la hoguera, acabará apagándose.

Para muchos de nosotros, es muy difícil estar las 24 horas atentos al instante presente, recordando a Dios en el corazón y agradeciendo y perdonando al prójimo. Estamos aprendiendo a VIVIR una vida cargada de sentido y de esencia. Y del mismo modo que aquél que nunca ha hecho deporte no puede, de repente, correr 6 maratones y levantar 200 kg, nosotros (la multitud que deambulamos el camino espiritual) no podemos esperar que, de repente, nos iluminemos y salvemos a la Humanidad. El mundo material no funciona así. Todo exige un proceso lento, paulatino y constante que, con paciencia, hemos de cultivar.

Seguramente, nos perderemos muchas veces, y nos reecontraremos otras tantas. La Espiritualidad verdadera, en el fondo, no deja de ser un viaje hacia cómo vivir plenamente en la materia. No consiste en inflar un globo de helio y cortar la cuerda que nos ata con este mundo, sino en labrar unas sólidas raíces con la Tierra, mientras nuestro Corazón aspira al Cielo. Somos polvo, y en polvo nos convertiremos. Como dijo Quevedo: “su cuerpo dejará, no su cuidado; serán ceniza mas tendrá sentido; polvo serán, mas polvo enamorado”.  Todo lo que creemos ser, acabará muriendo con nosotros el día en que fallezcamos, pero nuestra pasión por vivir y nuestro Amor siempre perdurarán.

 

El Alimento espiritual como recordatorio constante

La mayoría de nosotros estamos enfermos de eso que llaman ignorancia. Son pocos los que se han atrevido a cuestionarse el rumbo de sus vidas (porque, de otro modo, qué terrible crisis le espera a uno que no ha vivido su vida). Es más cómodo evadir y retrasar esta crisis necesaria, que vivirla y sufrirla, con todo su regusto y amargor. Pasamos por la vida como si fuera un juego, pero todo forma parte de algo mucho más grande que nosotros. Somos minúsculas motas de polvo en un Océano infinito.

Y ya que a todos nos esperan penurias, pruebas, golpes, alegrías y subidas y bajadas frenéticas en esta montaña rusa que es la Vida, no olvidemos jamás nuestro propósito. No dejemos que la oscuridad de la materia nos ciegue con su penumbra.

Mantengamos siempre ardiente la llama del Amor en nuestros corazones a través del alimento espiritual.

 

«Vi a mi Señor por el ojo de mi corazón,
y dije: ¿Quién eres Tú?
Él dijo: ¡Tú!»

Mansur al-Hallâj (m. 922)

 

Foto de la portada: Budismo ceremonia

© Corphilium ID 1812059246914 (Creative Commons Attribution 4.0)

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