Hablemos del Carnaval

Hablemos del Carnaval

15/02/2018 2 Por Victor

Carnaval, sinónimo de que ha empezado un nuevo año y con él, sus fiestas. He de reconocer que en mi caso, siempre he pensado que era un nombre genérico para una serie de fiestas sin motivo aparente, jejeje. Desde pequeño, sólo ha sido una excusa para esperar con anhelo la pérdida de clases en el colegio e instituto.

Me he querido informar al respecto, ya que con los años esa visión se ha ido perdiendo, y la he ido asociando con la Cuaresma cristiana, muy superficialmente. Y qué poca sorpresa me llevo al descubrir que tiene un origen pagano.

Citando a Jack el Destripador, vayamos por partes.

 

Otras reflexiones:

San Valentín ¿amor o consumismo?

¿Hasta qué punto estamos manipulados?

Violencia, ¿podemos combatirla?

 

✩ Palabras clave: crítica social, reflexión, Carnaval, alcohol, tradición, disfraces, prostitución de la esencia.

 

Dos perros con collares de flores y gorrios de fiesta. Muy majos

Hasta los perretes se disfrazan. Aunque están demasiado serios para ser Carnaval, ¿no?

 

Origen

El origen de esta fiesta no está del todo claro, ya que se le conceden posibilidades varias.

Algunos estudiosos le quieren encontrar fuente en los cultos paganos celtas, quizá emparentado con la diosa Carna (deidad del tocino, entre otros). Tendría su relación con las celebraciones que tenían para dar el fin al invierno, y comienzo a las nuevas cosechas.

 

Dibujo de Kāmadeva, de rodillas sobre su montura alada.

Kāmadeva, dios hindú del amor.

 

También encontramos otro posible origen en civilizaciones indoeuropeas adoradoras del dios Karna, o del dios del amor hindú Kāmadeva (“kāma” significa deseo sexual, y “deva” es dios). Como mero apunte, decir que el conocido Kāma Sūtra está inspirado en esta deidad.

Fiestas similares al Carnaval encontramos desde la época de los sumerios, hace más de 5.000 años. Del antiguo Egipto, de las fiestas en honor al buey Apis.

Pero desde luego, las más cercanas y por tanto las más conocidas son las fiestas romanas y griegas, en honor a Baco/Dioniso, o las Saturnalias. Etimológicamente es la más cercana ya que proviene del latín “carne-vale”, o “adiós a la carne”, íntimamente ligado a la Cuaresma. También podría venir de “carnem-levare”, abandonar la carne. Esa procedencia fue propuesta en la Edad Media por la Iglesia Católica.

 

Ejemplo de una fiesta en honor a Baco.

Las bacanales, culto al disfrute y el placer.

 

En conjunto, todas ellas comparten unas fechas concretas, y una temática de júbilo y regocijo. Días en los que lo principal es celebrar y festejar, presumiblemente por el paso de la temporada fría y la llegada de la primavera. Así que bien podríamos decir que es una tradición que se ha manifestado en diversas culturas, y se ha ido acoplando a las nuevas, con una temática similar.

 

 

Pero… ¿qué es Carnaval?

Como ya he dicho, la interpretación más cercana es romana. Pero eso no quiere decir que hoy tengamos los mismos ritos y tradiciones. “Nuestro” Carnaval tiene más que ver con el mundo Católico, aunque paradogicamente la Iglesia no reconoce esta festividad como un culto religioso.

En la época cristiana, se instauró con el motivo de decir adiós a la carne para honrar la Cuaresma. Se da los días anteriores al Miércoles de Ceniza (comienzo de la Cuaresma), y en la tradición el Carnaval comenzaba el jueves lardero, acabando el martes de carnaval.

 

Pintura de un hombre meditativo sentado en una roca.

Perfectamente podría ser Jesús en su árida travesía.

 

También aquí encontramos un por qué a las máscaras típicas, ya que durante 3 días de celebración casi todo estaba permitido. Pero tras esos días… amigo, todo vuelve a la normalidad. Gracias a las máscaras se mantenía el anonimato. En los 40 días que dura la Cuaresma, se honra los días que Jesús ayunó en el desierto. Era un culto marcadamente religioso. Además de no comer carne, en Carnaval se organizaban festejos, bailes, obras y canciones. Todo un deleite lúdico.

 

Persona disfrazada y con máscara, al estilo del Carnaval de Venecia.

Estar ahí en medio tiene que ser como volver al Renacentismo.

 

Hoy tenemos unos cuantos muy famosos, pero voy a enfatizar el de Venecia, por su antigüedad. Es de los que más ha perdurado (si no el que más), y a lo largo de los años ha sufrido cambios. En él, la nobleza se disfrazaba con sus trajes y máscaras para salir al pueblo. Durante la época de Napoleón, llegó a censurarse ya que temía que se organizasen conspiraciones en su contra. En la actualidad, los oriundos venecianos se engalanan con disfraces para gusto y disfrute de los turistas. Todo un espectáculo victoriano.

 

 

Y en la actualidad…

Hummmmm, como he dicho al principio, no tengo yo una imagen clara de Carnaval. Ha sido algo difuso en mi cabeza. Pero lo que recuerdo y conozco… es desfase y alcohol. ¿Para qué variar si en la mayoría de fiestas tradicionales encontramos ambos? Al menos en mi época más adolescente.

Más tempranamente, los niños se disfrazan en los colegios, tienen actividades dinámicas y pueden disfrutar por desfiles y espectáculos que se organizan en las ciudades. Son días realmente entretenidos para ser un renacuajo.

 

Niña disfrazada corriendo por la calle.

Realmente los niños son los que más lo disfrutan.

 

Cuando eres un poco más crecidito… quedas con los amigos, es probable que te saltes alguna que otra clase, y si ya ha entrado el instinto de ser “adulto” se va a cualquier parque a pasar el día. Lo normal es encontrar alcohol, como poco, en estos grupos.

Si te pilla en la época de la universidad tienes la excusa perfecta para una “noche épica” de fiesta. O esa es la idea. Esas noches en las que se organiza el grupo para ir juntos, de las que van con expectativas. Disfraces por la calle, mucho buen rollo y poca cabeza.

Del escalón superior poco puedo decir, sólo lo que he visto. Padres que acompañan a sus hijos pequeños, y que quedan por las tardes con amigos para tapear y desestresarse un poco.

 

Foto de una procesión, tocando instrumentos de percusión, todos ellos disfrazados.

Si ya es difícil seguir el ritmo de por sí, encima aguanta sin que se caiga el gorro.

 

Qué visión más optimista tengo, ¿eh? No todo es negro, conozco y he visto personas que aún mantienen una visión más tradicional y centrada del Carnaval. Esas personas que participan de los desfiles, cantos y bailes. Aquellos que lo viven de una forma más profunda internamente. No es que no les quiera dar importancia. Simplemente hacen menos ruido y se ven menos que los otros que he comentado antes.

 

 

El problema

Parece que digo siempre lo mismo, y es porque siempre tengo la misma impresión con este tema. El hastío vital que sentimos en nuestras vidas es el origen de que nos comportemos así. Si planteamos nuestra vida como un martirio de “obligaciones”, acabamos ansiando las pausas que nos permiten tomar aire fresco.

Esta visión de nuestra vida es tóxica, así que esas pausas tienen su toxicidad inherente. No hace falta salir de fiesta, con la posibilidad de acabar bastante mal, para disfrutar de estos “check-points”. Esa forma de actuar, a mi parecer es reforzar la mierda de día a día de la que se quiere huir. Para entendernos:

No me gusta, o no disfruto la etapa en la que me encuentro, pero tengo que pasar por ella por los motivos que sean (trabajo ingrato, estudiar, relación de pareja…). Como es normal, los días que se salen de la norma general, los voy a aprovechar para echar una cana al aire, total una vez al año no hace daño.

 

Foto de un brindis visto desde abajo.

El alcohol es omnipresente en nuestra sociedad.

 

Y no falta razón, pero ¿soy el único que ve una relación evasiva y esquiva con ser dueño de tu vida? Si nos empeñamos en focalizar nuestra etapa de vida actual como un mal necesario, huyendo de tomar responsabilidad es lógico que en cuanto tengamos la oportunidad apartemos la vista de ella. Hablando en plata, me parece que es completa sumisión y aceptación del ego. Y pienso así porque yo he tenido esa visión.

 

 

Vamos a comparar

Pero si en vez de vivir el día a día esperando a que llegue el fin de semana, en vez de esperar a que se acaba esa clase insoportable o a que el reloj marque la hora y podamos irnos del curro, nos hacemos partícipes de nuestra vida… Ufff, lo que cambia el asunto. Ese profesor va a seguir siendo igual de aburrido, pero si de verdad quieres terminar los estudios, encuentra la motivación donde no te la dan los demás. El trabajo va a seguir durando lo mismo, así que será mejor que te plantees encontrar otro o que cambies tu actitud en el que estás (por el bien de tu salud mental).

En vez de centrarnos en la parte negativa del día, aceptemos que estamos donde estamos porque es parte del camino. Si no nos gusta el trayecto que está tomando, darnos cuenta que podemos parar y reflexionar. Si fuese necesario, coger un camino diferente al que llevábamos.

 

Foto de un festival. Adolescentes y nubes de pintura.

Todo depende de los ojos con los que se mire.

 

Y siendo sinceros, después de soltar toda esta chapa que se aleja del tema principal, he de decir que el comportamiento no es tan diferente al de sus orígenes. Son días reservados para olvidarse de obligaciones, reglas y normas. Para disfrutar y no tener en la cabeza las preocupaciones diarias. Aún así, sigo pensando que se ha pervertido en cierta manera, quizá desde el principio. No me acaba de gustar, la verdad.

Me he salido un poco del tema, y total para decir lo que siempre venimos diciendo en este blog. No hay nada nuevo. Pero hoy me sentía especialmente agresivo con este modus operandi, y tenía que soltar lastre.

 

 

Siendo optimistas

Tenemos la mejor ocasión para darnos cuenta de lo que queremos cambiar. No voy a dar una reflexión final negativa, porque va en contra mía. No hay malos ni buenos. Hay eternas oportunidades para avanzar.

Volviendo a retomar el tema principal, yo me desquito por completo de huir para caer en el disfrute vacío. No voy a participar tampoco de la tradición, porque no va conmigo. Pero sí que veo necesario una reforma personal y social. Las tradiciones que resuenen con mi esencia, aparecerán en mi camino y podré decidir honrarlas a mi manera. Ojalá todo el mundo hiciese lo mismo.

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