El dogmatismo espiritual y sus consecuencias

El dogmatismo espiritual y sus consecuencias

28/02/2019 1 Por Sara

El dogmatismo parece algo que tan sólo incumbe a las personas sectarias o ultraortodoxas de cualquier religión. Pero lo cierto es que todos podemos ser víctimas del dogmatismo, también llamado fundamentalismo en términos académicos. La mayoría somos presas de este mal con respecto a nuestras propias ideas y opiniones. Sin embargo, y éste será el objeto de este artículo, ¿qué pasa con el dogmatismo espiritual?

 

 

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El dogmatismo: qué es y para qué sirve

La RAE define el término “dogmatismo” como:

1. Presunción de quienes quieren que su doctrina o sus aseveraciones sean tenidas por verdades inconcusas.

2. Conjunto de las proposiciones que se tienen por principios innegables en una ciencia.

3. Conjunto de todo lo que es dogmático en religión.

4. Concepción filosófica opuesta al escepticismo, la cual considera la razón humana capaz del conocimiento de verdades absolutas.

En palabras más coloquiales, podríamos definir al dogmatismo como un apego o identificación total por unos dogmas, creencias o ideas. Lo más común es relacionar este palabro con el ámbito religioso. Recordemos, sin ir más lejos el fundamentalismo islámico que ha dado lugar a la llamada yihad, o el dogmatismo cristiano que originó la Santa Inquisición.

 

Imagen de un hombre musulmán rezando

“El amor es la más noble flaqueza del espíritu” – J. Dryden

 

El dogmatismo tiene un papel fundamental en la psique humana, pues que dota de sentido nuestra existencia. Por medio del apego hacia un dogma (sea el que sea), nuestra personalidad se etiqueta e identifica, tomando ese dogma como si fuera él mismo. El ego ya no se encuentra solo, aislado y perdido, sino que se halla dentro de una colectividad. Sin embargo, y aunque nos pese, el verdadero camino espiritual es un viaje solitario.

 

 

Un buen ejemplo de dogmatismo: el veganismo

Antes de proceder con este ejemplo, cabe puntualizar que desde hace 3 años decidí emprender una alimentación vegana (dieta que ha ido variando por causas mayores hasta el día de hoy). Digo esto porque, en esencia, tengo una buena opinión del veganismo y de su filosofía.

Pese a ello, lo que siento que “falla” de esta filosofía de vida es el conjunto de personas dogmáticas que se han aferrado al veganismo para dotar de sentido sus vidas. Me refiero a aquellas personas que se enrabietan y se encolerizan cuando ven que otra persona come carne. Aquéllos que desean la muerte a toreros o maltratadores de animales. Aquéllos que, queriendo lo mejor para los animales, desean lo peor para algunos humanos (sin entender que los humanos también son animales y que todos formamos parte del gran Todo).

 

Imagen de un elefante en un bosque tupido

“El poeta llena el santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos nuevos, maravillosos y placenteros” – F. L. von Hardenberg

 

Y podríamos hablar de cualquier ámbito de la vida, porque en todos encontramos la posibilidad de generar cierto dogmatismo.

 

El apego hacia nuestras propias ideas

Antes de entrar de lleno en el tema que nos ocupa, cuántos de nosotros no hemos generado gran apego a eso que “creemos ser”. Unas ideas, unas creencias, una herencia familiar, una cultura, una política, un cuerpo… incluso podríamos hablar de dogmatismo cuando nos aferramos a nuestros complejos, miedos o inseguridades. El dogmatismo lo abarca todo, pues para mí, el “apego” entendido desde su concepción budista es sinónimo de “dogmatismo”.

Hay unos versos al respecto del místico hindú Sri Nisargadatta Maharaj que nunca me canso de repetir, dado su profundidad espiritual.

Descubre todo lo que no eres: el cuerpo, los sentimientos, los pensamientos, el tiempo, el espacio, esto o eso… nada, concreto o abstracto, que percibas puedes ser Tú. El acto mismo de percibir muestra que no eres lo que percibes. Cuanto más claro comprendas que en el nivel de la mente sólo puedes ser descrito en términos negativos, tanto más rápidamente llegarás al fin de tu búsqueda y te darás cuenta de que Tú eres el Ser sin límites.

~ Sri Nisargadatta Maharaj, Yo soy Eso

Efectivamente, todo lo percibido es una mera ilusión. No somos nuestros los deseos, fantasías, miedos, angustias, temores… entonces, ¿qué somos? ¿qué eres?

 

 

El dogmatismo espiritual

En esta búsqueda irrefrenable del Ser por encontrarse a sí mismo, uno puede caer de lleno en el dogmatismo espiritual. Y es que al hablar de dogmatismo espiritual se me presenta una gran incógnita.

 

Imagen de un hombre humilde sentado con su bastón

“Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia” – G. C. Lichtenberg

 

Cuando el Buscador de la Verdad se inicia en la Espiritualidad (que tiene que ver sólo y únicamente con la necesidad del Alma por manifestar su verdadero potencial, y no con apuntarse a cursos de Reiki o retiros en la India), entonces, se le plantea un dilema. El sendero espiritual requiere de toda nuestra Voluntad, Disciplina, Constancia y Sabiduría interna para discernir entre lo que vibra con nuestro Ser y de lo que no.

¿Dónde acaba la disciplina y empieza el dogmatismo? Es una pregunta un tanto difícil de contestar. Nuestra vida es como un acertijo, un haiku, y nuestro deber es descifrarlo a medida que el aliento vital se apaga… a medida que morimos en vida.

 

 

El dogmatismo espiritual y las etiquetas

A todos nos gusta sentirnos especiales, diferentes, únicos. Lo cierto es que desde el instante en el que nacemos ya somos seres humanos únicos. Es una condición intrínseca al hecho mismo de existir. Y para manifestar esta singularidad, tan sólo tenemos que SER.

Pero ¿qué es SER? ¿cómo se “es”?

Es curioso que el español sea la única lengua que diferencie el verbo “ser” y el “estar”. Tanto SER como ESTAR son dos cualidades profundamente espirituales.

Muchos de nosotros hemos identificado el “estar” con el llamado “estar de cuerpo presente” cuando, en mi opinión, se referiría más a “estar en Alma presente”.

Sentir la pesadez del cuerpo, escuchar el sonido (o silencio), notar la respiración, calmar la mente… todo ello son cualidades del verdadero “estar”. Y a través de este “estar en Alma presente”, se puede SER, en mayúsculas, porque no hay palabras suficientes para describir la grandeza del Espíritu manifestándose a través de uno.

 

Fotografía de un camino en la Toscana

“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero” – H. Hesse

 

Para poder llegar al interior del corazón, debemos eliminar todo lo que no somos, como dijo el gran Sri Nisargadatta Maharaj. No somos este cuerpo, no somos lo percibido por los sentidos, no somos los pensamientos, no somos las emociones, no somos los miedos, complejos, menosprecios o inseguridades… entonces… ¿qué somos?

El dogmatismo espiritual tan sólo entorpece al Alma en su búsqueda por reencontrarse consigo misma. Nos aferramos a conceptos, ideas, preceptos que otros han dicho, o que aparecen en un Códice Sagrado.

 

 

Busca tu Verdad, no la de otro

Hay una frase muy iluminadora que dice así:

La vida es el examen más difícil. La mayoría fracasa por intentar copiar a los demás, sin darse cuenta de que todos tenemos un examen diferente.

Todos tenemos un camino diferente, todos manifestamos una cualidad única de Dios (sea lo que sea “Dios”). Podemos inspirarnos, enamorarnos de la Vida a través de las palabras o vivencias del otro. Pero hemos de buscar la Verdad en nosotros mismos, ese es el único sendero. Todas las filosofías, doctrinas, misticismos y preceptos esotéricos apuntan a lo mismo: “conócete a ti mismo”. El periplo empieza y termina en ti. No hay más que eso.

 

Imagen de un árbol en mitad de la nada

“Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya” – A. G. Bell

 

Las etiquetas, el dogmatismo espiritual, los fanatismos ciegos, los apegos a ideas o conductas… todo ello tan sólo dificulta el camino. Uno debe ser flexible, abierto, fluir y siempre mantener una actitud de apertura ante la vida.

Por ejemplo, en mi caso concreto y minúsculo, creo en la reencarnación. No puedo afirmar con rotundidad si existe, o no, ni me interesa meterme en debates sobre ello. Simplemente creo, pero reconozco que no lo sé y puedo estar equivocándome. Y lo mismo sucede con otras tantas “verdades” espirituales que no he vivido en mi propio Ser y no puedo afirmar con rotundidad. Si debo saber la respuesta, tarde o temprano acabaré averiguándolo. Y si no, cuando muera se desvelará “el pastel”.

 

Cree, ten fe, y confía en la Vida.

Elimina el apego hacia todo lo que te rodea y fluye libre por el único sendero que te ha tocado vivir:

el tuyo.

 

Imagen de portada: Cristo religión

© Corphilium ID 1902209998463 (Creative Commons Attribution 4.0)

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