Conoce tus emociones

Conoce tus emociones

05/11/2017 1 Por Victor

Hablemos sobre las emociones, ¿qué son? ¿cómo se manifiestan? ¿por qué lo hacen como lo hacen? Un tema algo baladí en el que no se profundiza mucho, ni social ni internamente. Para ello vamos a seguir unas pautas, porque no todas las emociones tienen el mismo origen ni se sienten igual. Se pueden diferenciar siguiendo múltiples baremos, pero aquí vamos a hacerlo en dos grandes bloques: biológicas y sociales. ¿Conoces tus propias emociones?

 

✩ Palabras clave: emociones, miedo, felicidad, alegría, biología, psicología, autoconocimiento, tristeza, sufrimiento, ira.

 

Emociones biológicas

Lo que las diferencia es que las sociales sólo las padece el ser humano, y a las biológicas las podemos encontrar en otros animales. Como es lógico, nuestra “evolución” trae consigo infinidad de prestaciones. Y una de ellas es un amplio abanico de emociones totalmente propias, enteritas para el uso humano.

Ejemplos de emociones sociales son culpa, vergüenza, decepción, ridículo… Sería gracioso ver un gato que sienta vergüenza ajena por el comportamiento de su dueño; o una serpiente decepcionada al no conseguir cazar a su presa. Solamente los humanos hemos desarrollado esos comportamientos. Otros primates también entran en este saco, y es que también están muy evolucionados socialmente, pero lo hacen a una escala menor.

Para hablar de las emociones sociales necesitamos más tiempo. Conllevaría un artículo mucho más extenso por la amplísima diversidad que existe.

 

Cuatro emociones principales

Cuatro emociones principales

 

 

Las cuatro emociones biológicas

Por ello lo dejaremos para más adelante, y nos vamos a centrar en las biológicas, que tienen enjundia de sobra. Alegría, tristeza, ira y miedo.

¿Qué opinión os merece cada una de ellas? ¿Le dais el mismo peso a todas? ¿Creéis que alguna es superior o inferior a las demás? Lo más usual es responder a esta última pregunta que sí, la alegría es el estado que todos anhelamos y codiciamos. Es lo bueno, ¿no? Pues bien, después de muchas conversaciones profundas, introspección y vivencias, uno puede llegar a la conclusión de que todas son igualmente importantes y necesarias. Cada una cumple con su papel y su función a la perfección.

Repudiamos la tristeza, la ira y el miedo como si fuesen parias. Estar triste es sinónimo de decadencia, muerte, ostracismo y renuncia. La ira es de los brutos, de personas incivilizadas y de aquellos que solo entienden la violencia. Y el miedo se lleva el premio gordo, todo está montado para evitar el miedo. No me refiero al miedo de las películas japonesas, sino miedo al cambio, a lo diferente y desconocido.

 

 

¿Qué siento?

Cuando algo sale bien, según lo planeado, la alegría se encarga de que lo asimilemos como tal. Cuando tienes hambre y comes, cuando apruebas un examen crucial, cuando besas a la chica… ahí está la alegría para decirte que las cosas van bien. Y aunque el sentimiento de la alegría no es nocivo per se, hemos montado un tinglado a su alrededor de cuidado. Le rendimos culto y pleitesía como a lo único a lo que hay que aspirar, como si fuese la única emoción correcta. Estamos hasta arriba de “Señores Maravillosos”, está por todos lados esa ansia por engrandecer el positivismo.

Debemos hacer el esfuerzo de permitirnos sentir lo que en cada momento nos pide el cuerpo y nos dice el alma. La alegría deja de ser alegría cuando la forzamos para no sentir otras emociones.

 

Emociones

Emociones

 

Si tenemos un amigo pasando una mala racha, intentamos alegrarle, sacarle de casa y distraerlo para que no se hunda. No permitimos esa emoción. Y tiene un porqué la tristeza. Nos hace recapacitar y meditar. Nos da la opción de parar, interiorizar, aprender y soltar. Nos sumerge en un estado introspectivo excelente, si lo aceptamos y lo permitimos. A través de la tristeza encontramos nuestra creatividad, nuestra forma de lidiar con el sufrimiento, y si le damos el caso necesario entendemos qué nos ha sumido en ella. Para no volver a tropezar con la misma piedra.

Sin embargo si cuando estamos tristes hacemos oídos sordos, y hacemos como si nada, volvemos a tropezar una y otra vez con la mima enseñanza.

 

“Si siento depresión , cantaré. Si siento tristeza, reiré. Si me siento enfermo duplicaré mi trabajo. Si siento miedo seguiré adelante. Si me siento pobre pensaré en la riqueza. Si me siento insignificante recordaré mis metas”

 

 

Ira, agresividad

La ira no es violencia, si acaso es poner límites y ser firmes con nuestras decisiones. Una persona que reprime su ira sistemáticamente es una persona que no conoce sus límites. Si no conocemos nuestros límites los traspasamos y dejamos que los traspasen los demás, y eso produce malestar. Si somos demasiado dóciles permitimos que traspasen nuestros límites y perdemos nuestro carácter. Dejamos de actuar como nosotros mismos para hacer aquello que quieren los demás. Si nos excedemos en los límites de los demás impedimos que se muestren como realmente son.

Emociones

Ira

Es sabido por todos que la violencia (exceso y descontrol de ira) es perjudicial, pero no pasa lo mismo con la docilidad, que hasta en cierta medida se vanagloria.

“Si hay violencia en nuestro corazones, es mejor ser violentos que ponernos el manto de la no violencia para encubrir la impotencia”

 

El miedo

El caso del miedo es muy sutil y omnipresente al mismo tiempo. Cuando se exhiben ejemplos de logro y superación, ¿qué es lo que se nos queda de la historia? El final feliz al que se ha llegado, o el pánico a embarcarse en un proyecto descabellado. Da igual, porque la inmensa mayoría le da un par de vueltas en al cabeza, fantasea con la idea y no tarda en volver a su vida.

Pocos son los que interiorizan ese aprendizaje, y buscan en lo más profundo de su ser qué querrían hacer ellos que conllevase un final feliz para sí mismos. Ese final que hace merecedor el esfuerzo de enfrentarse al miedo, miedo a triunfar, a seguir adelante.

Pues ahí radica lo irónico del asunto.

 

Tenemos miedo por hacer lo que realmente queremos, y sin embargo nos da igual hacer lo que no nos motiva.

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