Espiritualidad y ciencia: ¿las pseudociencias son mentira?

Espiritualidad y ciencia: ¿las pseudociencias son mentira?

12/08/2018 4 Por Sara

Hace varias semanas, surgió una polémica en YouTube que resonó en cierto modo con mi forma de entender la realidad. Me refiero a la polémica creada entre la youtuber llamada La Gata de Schrödinger, y las influencers Claudia Ayuso y María Cadepe. Como siempre ocurre con todos los altercados online, si me permitís la expresión, “se montó una que pa qué”. Encontramos, de nuevo, un encuentro bélico entre Espiritualidad y Ciencia. Muchos se preguntarán si todo este rollo de las “pseudociencias” son mentira, y por tanto, nos están estafando.

Antes de hablar de lo que verdaderamente me interesa aquí, que es el trasfondo de todo este conflicto, resumiré muy brevemente esta batalla campal que tuvo lugar hace apenas un mes atrás.

Claudia Ayuso y María Cadepe son dos mujeres jóvenes, conocidas públicamente por ser dos youtubers de éxito. Ambas han hablado en sus canales de YouTube sobre diversas temáticas, desde hauls de moda hasta temas más profundos. Pero hace un año y pico, aproximadamente, ambas se fueron a vivir a Londres. Desde entonces, han promulgado unas creencias y pensamientos más “espirituales”, e incluso han creado diversos cursos relacionados con esta temática (además de algún que otro libro sobre su despertar espiritual).

Todo esto está bien a priori, ¿no? Pero la trama da un cambio de 180º cuando entra en escena la anteriormente citada Gata de Schrödinger. Ésta, que se autodenomina divulgadora científica, “desmontó” gran parte (sino todo) del contenido espiritual de ambas influencers, llamándolas estafadoras y mentirosas, entre otras cosas. Una verdadera orda de “racionalistas”, intelectuales y científicos se han abalanzado contra las dos chicas insultándolas de un modo desproporcionado y haciendo hincapié en la inmoralidad de sus proyectos. Por lo que sé, una de ellas ha puesto cartas en el asunto y ha decidido denunciar. Aquí os dejo el vídeo en cuestión del que os hablo.

Y aquí es donde llega mi -tardía- opinión de los hechos.

 

PD: reconozco que me desagrada en extremo usar los términos “influencer” y “youtuber” en un artículo más o menos serio, pero… no se me ocurre otra forma de nombrarlas.

PD2: he estado mucho tiempo ausente, así que ¡hola de nuevo! si quieres saber el por qué de mi ausencia, haz click aquí.

 

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Espiritualidad y Ciencia: no todo lo que reluce es Oro

Este dicho expresa muy bien mi visión ante este conflicto bélico. La palabra “espiritualidad” está adoptando unos tintes francamente ajenos a lo que en un inicio era la verdadera Espiritualidad. La Espiritualidad real nada tiene que ver con toda la parafernalia ritualística que hoy día la gobierna.

La Espiritualidad, en esencia, no es hacerse un curso de Registros Akáshicos, ni practicar reiki, ni querer convocar al Arcángel San Miguel, ni leerse un par de libros de autoayuda. Ojo, no pretendo criticar el que uno quiera hacer esto, o no. Hay una frase de Marianne Williamson que versa así:

“El camino espiritual es, sencillamente, el viaje de vivir nuestras vidas. Todos estamos deambulando el camino espiritual, aunque la mayoría de las personas no sean conscientes de ello”.

La Espiritualidad es, como bien comenta Marianne, el modo en el que vivimos nuestro día a día. La atención que ponemos en cada cosa que pensamos, sentimos, decimos y hacemos. La coherencia que tenemos entre lo que pensamos y hacemos o decimos. Lo egoístas o altruistas que somos (o lo que nos esforzamos por ser una u otra cosa). Asimismo, lo apegados que estamos a nuestro pasado. Lo mucho o poco que nos esforzamos por mejorar como seres humanos.

En definitiva, la Espiritualidad es lo mucho o poco que nos enfrentamos a nuestros demonios internos. Todos nosotros, día tras día, nos estamos enfrentando a nuestros demonios, pero no todos tienen la osadía de plantarles cara. Como auguraba el Oráculo de Delfos, gnothi seauton, es decir, ‘conócete a ti mismo’.

 

La nueva Espiritualidad New Age

La Espiritualidad va pareja a términos tales como:

– Compasión.

– Altruismo.

– Bondad.

– Humildad.

– Renuncia.

– Serenidad y paz interior.

– Misticismo.

– Liberación.

– Búsqueda irrefrenable de conectar con tu Esencia (Espíritu, Dios, Tao, YHWH, Allah, Brahma, el Cosmos…).

 

Sin embargo, la Espiritualidad nada tiene que ver con la religión. Lo primero es la búsqueda palpitante del alma por reencontrarse a sí misma, lo segundo es una doctrina (basada o no en un Códice sagrado o Profeta) que hay que seguir sin cuestionarse nada. No pretendo ni mucho menos desprestigiar la labor de la religión, pero está bien diferenciar ambos conceptos.

 

Imagen de una Biblia

La verdadera espiritualidad exige que te cuestiones el por qué de todo

 

El problema surge cuando la Espiritualidad se convierte en un negocio. Hace tiempo ya escribí un artículo relacionado sobre la terrible prostitución de la Espiritualidad. Parece matemático, siempre buscamos fuera lo que no buscamos dentro de nosotros. Esperamos que un gurú o Maestro Padmi Sambaba nos diga qué hay que hacer para iluminarnos.

Muchos creen que apuntándose a cursos pseudo-espirituales van a mejorar su vida hasta límites abismales, alcanzando -quizá- la Iluminación. Todos nosotros, al adentrarnos en los recovecos de la Espiritualidad hemos pecado de ello en mayor o menor grado.

Sin embargo, se ha edificado un gran -y poco ético, en mi opinión- negocio en torno a la Salvación interna. La gran mayoría de individuos que se adentran por primera vez en la Espiritualidad, lo hacen para poner fin a una trágica existencia, cargada de sufrimiento y pena. Estas personas resultan ser las víctimas idóneas para acumular cursos y libros espirituales. Por supuesto, es necesario instruirse y aprender diariamente, sin duda. Ya lo decía Hua-Ching Ni en El Tao de la vida cotidiana, (¡libro recomendadísimo!) o el mismísimo Dalai Lama: hay que leer. La lectura espiritual es el alimento del Alma tal como la comida lo es para el cuerpo.

La diferencia entre la verdadera Espiritualidad (aquélla que potencia la búsqueda interior y el ser mejor persona) y la espiritualidad de mercadillo radica en puntos muy sutiles. Hace falta mucha lectura y tropezar una y otra vez para averiguar cuál es el sendero que ha de recorrer cada uno.

 

 

El fanatismo científico versus fanatismo espiritual

Dentro de este sector “espiritual”, hay figuras enormemente distingidas: Madame Blavatsky, Gurdjieff, Krishnamurti, Michel Coquet, Santa Teresa de Jesús, el cabalista Abu Lafia o Moisés de León, Francisco de Asís… un sinnúmero de individuos que buscaron y ahondaron su propio camino vital. Husmearon en los abismos más oscuros de su Ser y combatieron a sus demonios internos.

Sin embargo, otro problema añadido al tema de la prostitución de la Espiritualidad es que figuras públicas se auto-afirmen como espirituales y se crean preparadas para impartir cursos, charlas y redactar libros de “despertar espiritual”.

 

¿Qué quiero decir con esto? Espiritualidad y ciencia = charlatanería vs inteligencia

Con “figuras públicas” me refiero, a grandes rasgos, a personas de piel y hueso, como tú y yo, que se equivocan y están todavía en el camino del autoconocimiento (muy al principio del mismo, como la mayoría de nosotros).

¿Es esto malo? ¿es bueno? Bueno, como diría un antiguo Maestro zen, lo que es, es (y lo que no es, no es). Naturalmente, todos nosotros erramos y, como suele decirse, metemos la pata muy -muy- a menudo. Ya lo dijo Jesús, aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No somos más que niñós que están aprendiendo a andar.

La Espiritualidad está, desde la Ilustración, en el punto de mira del cientifismo moderno. Esto se debe a que la Ilustración impuso que, todo lo que no era racional y lógico, era mera charlatanería.

Asimismo, en la actualidad, todo lo relacionado con la Espiritualidad es considerado pura verborrea, tonterías propias de gente descerebrada. Sólo lo material, lo tangible, es real. Por otro lado, es un hecho que, en esta sociedad materialista, la Ciencia es sinónimo de inteligencia. Es por ello por lo que son muchos los que avalan la Ciencia como una nueva religión. La creen sin miramientos, como aquel creyente que cree a rajatabla los mandamientos de su Señor.

 

Imagen de una flor de loto junto a una rana

Espiritualidad y Ciencia = Charlatanería vs inteligencia

 

En el pasado, fueron muchos (¡muchísimos!) los científicos, inventores, psicólogos, literatos, artistas, filósofos (obviamente), arquitectos, músicos y, en general, figuras brillantes de la historia de la Humanidad, que estuvieron muy interesados en diversas doctrinas espirituales y esotéricas e incluso formaron parte de sectas ocultistas.

 

 

Ciencia y Espiritualidad van a la par

Efectivamente, Espiritualidad y Ciencia forman parte de un mismo entendimiento del Cosmos. La una no ha de negar la otra, y viceversa. Es muy común pensar que la Espiritualidad aboga por ideas alocadas, que contradicen a lo estipulado por la Ciencia, pero… ¡todo lo contrario!

De todos modos, ¿acaso la Ciencia no avanza progresivamente cada día que pasa? Recordemos que Galileo fue humillado y arrestado por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Me da la sensación de que son muchos los que, aferrados al cientifismo, hacen lo mismo que el Pueblo italiano hizo con Galileo: todo lo que no se ha comprobado ya, es mentira, ¡como si el ser humano hubiera ya conquistado la sabiduría del Universo! Igual estamos todos ya iluminados, y no nos hemos dado cuenta (bueno, ¿acaso no es ésta la esencia de la Espiritualidad?).

Hay demasiados misterios que se nos escapan (la vida humana es sólo uno de ellos). Por ello, humillar las nuevas ideas o hipótesis es de todo menos “científico”. El verdadero científico es aquel que necesita encontrar una respuesta a los misterios que resuenan dentro de su Ser: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿hacia dónde vamos? ¿qué es la vida y qué es la muerte?

 

 

Hemos de encontrar el equilibrio interior entre Espiritualidad y Ciencia

Y ya para terminar, me gustaría hacer un último inciso. Siempre se ha dicho que los polos opuestos se atraen, y qué cierta es esa frase. Con la anécdota anteriormente citada, podemos observar este principio.

Pongamos un ejemplo: imaginemos que un grupo de personas”espirituales” se proponen hacer cursos para contactar con tu Ángel Guardián, leerte el aura, quitarte los parásitos astrales, y un largo etcétera. Como contrapartida, surgirá un grupo de personas apegadas a las ideas científicas que catalogarán estas enseñanzas de “absurdas” e “inútiles” (por no usar otros términos).

¿Cuál es la posición correcta?

En mi más humilde -e ignorante- opinión, creo profundamente que la posición idónea es encontrar un equilibrio entre la Espiritualidad y la Ciencia. Es decir, hallar la armonía interna entre la materia, la mente y el Espíritu. Ni demasiado mucho de uno, ni demasiado poco de otro.

Hemos de llevar la Espiritualidad a nuestro día a día, transformándonos paulatinamente en mejores versiones de nosotros mismos ¿cómo? a través de la atención absoluta sobre nuestros pensamientos y sentimientos. Haciéndonos dueños de nuestras mentes. Siendo el vivo reflejo del cambio que queremos ver en el mundo.

La Espiritualidad es maravillosa (la puerta hacia la Libertad, diría yo). Pero si esa sabiduría no puede manifestarse en la vida diaria… no sirve de mucho.

Cada uno está aquí para deambular a tientas su propio sendero.

 

“Pensamos que a través de una revolución exterior podemos generar un mundo nuevo basado en lo que debiera ser. Al contrario, la revolución puede darse solamente en el centro, en la psique, de esa manera sí se provocará una verdadera revolución exterior” – Krishnamurti

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