La prostitución de la espiritualidad

La prostitución de la espiritualidad

20/02/2018 8 Por Sara

Llevo mucho tiempo queriendo tratar este tema en el blog o en algún vídeo de YouTube. Sí, has leído bien “la prostitución de la espiritualidad“. Quizás te preguntes ¿qué tiene que ver la prostitución con la espiritualidad? Parecen dos cosas dispares, ¿verdad? Nos encontramos en una era donde todo ha sido tocado por la varita mágica del capitalismo.

 

Todo, sin salvedad, se ha vuelto objeto de consumo y de mercadeo, incluyendo los temas más aparentemente excelsos y altruistas. Este es el caso de la espiritualidad.

En los últimos tiempos, la espiritualidad se ha corrompido y se ha prostituido hasta tal punto que gran parte de lo que se promulga abiertamente es, o muy poco práctico o pura estrategia de marketing.

 

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Espiritualidad vs. religión

Antes de nada, cabría diferenciar espiritualidad y religión.

La espiritualidad es la llamada ardiente del alma, libre, sin dogmas y fundamentalismos, cuyo único propósito es el autoconocimiento. Su última determinación es hallar la perfección de la condición humana, el adam kadmón que sugerían los cabalistas, el Chüntzû para los antiguos taoístas, o el Boddhisattva budista.

La religión, por su parte, es el reconocimiento de unos preceptos exotéricos bien predefinidos. La religión hace uso de normas éticas y morales (usualmente, bajo pena de castigo) y prácticas rituales. De hecho, la RAE define religión como:

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad , de sentimientos de veneración y temor hacia ella , de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

 

Fotografía en detalle de uno de los ojos de una estatua de Buda

La prostitución de la espiritualidad

 

 

¿En qué momento comenzó la prostitución de la espiritualidad?

En mi opinión, siempre ha habido individuos que se han aprovechado de tal impoluto camino para engrandecer sus egos y sus bolsillos. Desde principios del siglo XIX y principios del XX, la espiritualidad se puso en el foco de mira. Surgieron multitud de doctrinas, sectas y Maestros para todos los gustos habidos y por haber.

La Escuela Teosófica, la Escuela Arcana, la doctrina thelémica, la masonería, los ideales rosacruces, la Golden Dawn, las enseñanzas de Krishnamurti, Gandhi, Teresa de Calcuta y Sai Baba, las compilaciones de Arthur Powell… y un largo etcétera. Fue, verdaderamente, una época marcada por la espiritualidad (no siempre favorablemente encaminada, como sucede en el caso de Aleister Crowley o de la iglesia satánica, entre otros).

El problema se ha masificado con la nueva era tecnológica, donde todo está al alcance de un click. En esta nueva era todos nosotros, sin salvedad, podemos hacernos llamar coacher espiritual, “maestros”, podemos dar charlas, seminarios y cursos.

Realizando una sutil búsqueda en internet, encontramos cursos carísimos de registros akhásicos, de Reiki, de prácticas brahmánicas, de extirpación de larvas astrales y de demás cuestiones de dudosa calidad. A pesar de lo que pueda parecer, no estoy en contra de estas prácticas per se, estoy en contra de que se nos haga creer que todos nosotros podemos llegar a la maestría de dichas actividades a través de un curso de dos meses “valorado” en 2000 euros.

 

El trabajo siempre ha de ser interior, para con uno mismo

 

Fotografía de una persona leyendo la Biblia

La prostitución de la espiritualidad

 

Los registros akhásicos

Mención aparte merece el tema de los registros akhásicos y su mercadeo fraudulento.

Para explicarlo brevemente, la doctrina esotérica afirma que una vez el ser humano se ha perfeccionado hasta tal grado que ha eliminado de sí todo resquicio de egoísmo, ignorancia y bajas pasiones, puede acceder al plano causal. El plano causal es el plano del alma.

Desafortunadamente, son muy pocos los hombres y mujeres que pueden asegurarse libres de toda reminiscencia kármica. En ese plano (que no es otra cosa que un cambio de frecuencia), el alma puede, si así lo desea, consultar los anales históricos de todo lo acontecido en el Universo, y todo lo que está por ocurrir (de aquí surgen las profecías). Como ves, no es moco de pavo.

Sin embargo, el marketing espiritualoide, nos promete poder alcanzar dichos registros sencillamente con la compra de un curso, un libro o un seminario. Y normalmente, no son cursos baratos.

Los registros akhásicos no son un tema aislado, ocurre exactamente lo mismo con el reiki, el tai’chi, el yoga, la meditación, la aromaterapia y cualquier práctica que goce de cierto prestigio dentro del terreno espiritual. ¿Significa esto que todo es mentira? No, significa que gran parte es mentira.

 

Imagen de una chica sobre un sofá, viajando a otros planos de consciencia

Registros akhásicos

 

 

Ley de la gratuidad

Una de las leyes más importantes dentro de la espiritualidad es que todo conocimiento espiritual ha de ser gratis. Si no puede ser gratis, como sucede con el caso de libros o cursos, sí han de ser lo más baratos posibles para poder llegar a la mayor cantidad de público posible.

No creo que esté mal lucrarse de la espiritualidad, siempre que uno sea acorde con aquello que promulga. Siempre y cuando seas el fiel ejemplo del cambio, ¿por qué no ganar dinero a través de la espiritualidad?

Ojo, una cosa es ganar dinero, y otra muy diferente es vivir en ostentosidad y lujo a costa del dinero de la gente necesitada. Al fin y al cabo, la gente lo único que anhela es librarse de su sufrimiento y ser feliz, y a veces, dependiendo del grado de desesperación, estará dispuesta a pagar cantidades desmesuradas.

Y aquí aparecen aquellos que se aprovechan del dolor ajeno para ensalzar el bolsillo esencialmente.

La verdad es que este tema es un poco… “oscuro” por así decirlo.

No se sabe dónde empieza la farsa y comienza la realidad.

 

 

¿Cómo “ser” espiritual sin caer en la manipulación?

Personalmente, creo que antetodo, uno ha de ser libre. Libre para escoger, para equivocarse, para fracasar y para triunfar. Sin embargo, es importante también recalcar que gran parte de las enseñanzas propias de la New Age son humo. Muchas de sus enseñanzas son variaciones de otras.

La manipulación también alcanza a la espiritualidad. No desvelo ninguna enseñanza oculta al afirmar que la enorme mayoría de cosas que nos rodean son una farsa (y en último término, la propia existencia es una farsa).

No interesa que el ser humano busque su propia perfección. Es mejor que esté entretenido tratando de “alinearse” los chakras o de extirparse alguna larva astral. Lo que no comprendemos es que mientras la mente siga igual, da igual que nos alineemos los chakras, nos extraigamos todas las larvas, hagamos mil cursos o meditemos.

El cambio siempre, siempre empieza dentro.

 

Imagen de varias velas prendidas

La prostitución de la espiritualidad

 

 

La fiebre de la “titulitis” espiritual

Y es que parecía que la llamada “titulitis” sólo era propia del ambito académico. Son bastantes los individuos que, sin saberlo, son “adictos” a coleccionar emblemas “espirituales”, a asistir reiteradamente a cursos, retiros y charlas. Esto no está mal, pero considero que no sirve de nada si uno no realiza un profundo trabajo interior. Vale más un día vivido de forma consciente, que cien charlas de espiritualidad. Vale más un acto de amor altruista, que millones de títulos y maestrías.

Muchos de nosotros caemos como moscas a cursos y charlas que nos prometen que nos cambiarán la vida. ¡El fin de todos nuestros sufrimientos y males! Y, la mayoría de las veces, sales del curso o de la charla prácticamente igual que como entraste. Experimentar, acudir a seminarios y cursos de índole espiritual está bien. Pero una cosa es esa, y otra muy diferente “necesitar” de algún modo ese estímulo externo.

 

Nada ni nadie puede salvarnos

 

Sólo nosotros tenemos responsabilidad sobre nuestras vidas, y por tanto, sobre nuestros destinos. Si no te gusta el camino al que se dirige tu vida, cámbiala y cámbiate, pero la respuesta está dentro de ti, y no fuera.

Mi consejo en cuanto a la espiritualidad es que pongas en práctica minuciosamente todo aquello que percibas coherente con tu ser, por ejemplo: no quejarse, no criticar, no consumir innecesariamente, agradecer… El día en que muramos, lo único que nos llevaremos serán las buenas (o malas) acciones. Los títulos, el dinero, los objetos, los familiares y amigos… todo ello se quedará aquí, y nosotros nos iremos a donde quiera que uno va al morir. Dejemos de buscar fuera la felicidad, la abundancia, la plenitud, el amor… y comencemos a buscar dentro de nosotros.

 

Sólo encontraremos la salvación a través del autoconocimiento

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