San Valentín ¿amor o consumismo?

San Valentín ¿amor o consumismo?

13/02/2018 0 Por Sara

Como cada año, febrero llega imponente. A pesar de la brisa aún invernal, febrero es hogar de los carnavales y de la fiesta del amor por autonomasia: San Valentín. Algunos desean pasar esta festividad junto a su pareja, otros tantos se entristecen al no tener con quién pasarla, y algunos otros, la minoría, ni sufren ni padecen. San Valentín es sólo una fiesta cualquiera… ¿no?

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✩ Palabras clave: Amor, festividad, hipocresía, consumismo, apego, relaciones tóxicas, paganismo, orígenes, soledad, miedo.

 

¿De dónde surge San Valentín?

Como ya vimos con el origen de la Navidad, San Valentín también tiene un origen pagano.

La antigua Roma celebraba el 15 de febrero las fiestas lupercales en honor a Luperco, deidad de la fertilidad y de los rebaños. Bastantes años después, a finales del siglo V (entre el 496 y el 498 d.C.), el papa Gelasio I prohibió la celebración de los lupercales, e instauró el 14 de febrero la celebración de San Valentín.

Sin embargo, a pesar de que San Valentín fuera celebrada por la iglesia según su calendario litúrgico, en el II Concilio del Vaticano de 1969 se abandonó oficialmente su celebración litúrgica.

En el año 2014 el papa Francisco participó en la celebración de dicha festividad, tratando de devolverle la condición religiosa de la que gozó antaño.

 

Imagen del dios Luperco, relacionado con San Valentín

La figura de Luperco se asimiló a un epíteto de Fauno y, posteriormente, al dios Pan.

 

 

¿Quién fue San Valentín?

San Valentín fue, presuntamente, uno de los tres mártires ejecutados por el Imperio Romano, aunque su existencia aún sigue siendo discutida. Dos de estos mártires vivieron durante el reinado del emperador romano Claudio II “el gótico” (gobernó entre 268-270 d.C.).

(1) El primer mártir que pudo haber sido San Valentín fue un médico romano que se acabó haciendo sacerdote. Fue decapitado en el año 270 porque se dedicaba a casar a los soldados, a pesar de estar prohibido por Claudio II. El emperador romano aseguraba que los soldados no eran tan eficientes en batalla si estaban casados. De entre todos los mártires, este es el que más encaja en la historia popular.

(2) El segundo mártir fue un obispo oriundo de la ciudad italiana de Terni (antes denominada Interamna).

(3) Y por último, el tercer mártir se asemeja a la figura de Valentín de Recia, otro obispo. Éste vivió en el siglo V y fue enterrado en el norte de Italia. Los antiguos católicos lo invocaban para curar la epilepsia.

 

La leyenda de San Valentín

La gran mayoría de leyendas que envuelven a San Valentín fueron inventadas a lo largo de toda la Edad Media, fundamentalmente en Francia e Inglaterra. Fue precisamente en ese momento cuando comenzó a relacionarse la festividad de San Valentín con el amor.

Una de las leyendas cuenta que San Valentín se celebra el 14 de febrero porque es el instante en que los pájaros comienzan a emparejarse.

 

Representación de San Valentín

Representación de San Valentín

 

Sin embargo, la leyenda más conocida y pasional del patrono del amor es la siguiente:

Valentino -se dice- fue un humilde mártir cristiano que coincidió en tiempo y lugar con el perverso gobernador Claudio II. Éste último había instaurado, bajo pena de muerte para los cristianos, el culto a los doce dioses romanos. Sin embargo, Valentino era un fiel seguidor de las palabras de Cristo y nada lo amedrentó para seguir adorando a Dios.

Lamentablemente, fue descubierto y llevado a prisión. Bajo presidio, el carcelero observó que Valentino era un hombre culto y muy inteligente, y por ello, pidió a Valentino que le diese clases a su hija Julia, mientras durara su encarcelamiento antes de ser decapitado. Valentino accedió, y allí a conoció a Julia.

Julia era una muchacha encantadora, ciega de nacimiento, y profundamente bella por fuera y por dentro. Durante los encuentros posteriores, Valentino le instruyó en la historia de Roma, aritmética y también le habló de Dios. Pronto, Julia encontró en Valentino el apoyo que necesitaba.

Un día, en vísperas de la muerte de Valentino, Julia se acercó a él y le preguntó muy tímida:

– Valentino… ¿es cierto que Dios escucha nuestros rezos y oraciones?

– Oh, por supuesto Julia -respondió Valentino-. Dios siempre vela por nosotros y está presente en cada una de nuestras oraciones.

– ¿Sabes lo que siempre estoy pidiéndole a Dios? Rezo día y noche por poder ver. Ojalá pueda ver a través de mis ojos la realidad que me has contado.

– Si creemos en Dios, Él velará por nosotros.

Julia se arrodilló ante Valentino y, apretándole la mano con suavidad le susurró “creo en Dios”. Se mantuvieron un rato en profunda devoción y, de pronto, una luz inundó la celda de Valentino.

– ¡Valentino, puedo ver!

– ¡Gloria a Dios, nuestro padre!

Valentino fue ejecutado el 14 de febrero del año 270. Antes de ser decapitado, se apresuró a escribirle una nota a Julia en la que le rogaba que, ante todo, se mantuviera fiel a Dios. Valentino firmó la carta como “de tu Valentino”. La leyenda también añade que Julia decidió plantar un almendro al lado de la tumba de su noble mentor.

 

cuadro de Valentino y Julia, origen de San Valentín

Valentino y Julia

 

 

La terrible realidad

Actualmente, San Valentín es sólo una cuestión de consumismo. No se trata de demostrar el amor (pues el amor no se puede demostrar en un día aislado, sino en la consecución de los días). Hoy, se trata de regalar, de comprar, de gastar.

El ser humano actual está adormecido. Nos mantenemos (¿o mejor dicho “nos mantienen“?) tristes, insatisfechos, conformistas y desesperados. Es por ello que nuestra vida está configurada por diferentes “check-points“: Navidad – carnaval – San Valentín – el día de padre, de la madre, de la mujer, del trabajador, del niño – Halloween – fiestas regionales y patronales, etc. Al finalizar una fiesta, nuestra atención se focaliza en la próxima festividad.

 

Imagen donde aparecen algunos Check-points: Navidad, Carnaval, San valentín, semana santa...

Check-points

 

Cada fiesta, a grandes rasgos, ha sido despojada de su sentimiento original, y ahora se centra en la necesidad de consumir. Son pocas las personas que conciben una Navidad sin regalos ni pomposidad. Lo mismo ocurre con San Valentín. Me atrevo a seguir el mismo esquema y afirmar que son pocas las parejas que no celebran San Valentín, o que no se sienten empujadas a comprar o consumir algo por demostrarle “amor” a su pareja.

 

Y yo me pregunto… ¿es eso realmente amor?

 

El amor no se celebra, no se mercadea ni se intercambia. El amor se vive. ¿Qué sentido tiene sentirnos presionados a comprar y regalar algo sólo porque se ha instaurado como “normal” y “convencional”?

No sé tú, pero a mí hacer lo “tradicional” sencillamente porque es tradición y lo hace todo el mundo, sin cuestionárselo ni reflexionar, me asquea.

San Valentín puede ser un día maravilloso en el que se rinda devoción a tu pareja, a tus hijos, o a cualquier otra persona (o animal) que exista en tu vida. Pero, ¿acaso no deberían ser todos los días así?

 

 

¿Conclusión?

Mi conclusión es que no hemos de caer en convencionalismos, y mucho menos si implican consumir y gastar sin reflexionar. Regalar puede ser maravilloso, ¿pero en serio necesitamos que sea una fiesta o cumpleaños para hacerlo? ¿en serio necesitamos hacer algo “especial” sólo porque todo el mundo lo hace? ¿qué diferencia ese día de los otros?

Mucha gente hace truques con su amor, lo mercadea y lo intercambia a cambio de sentirse seguros, protegidos y cómodos. Pero eso… no es amor.

San Valentín, en la actualidad, no es un día donde se celebra el amor, se celebra el miedo: miedo a ser diferente, miedo a estar solo, miedo a romper… Hablo, por supuesto, de manera general, y bajo mi propia experiencia. Sé que hay personas muy conscientes que, aún festejando San Valentín, se niegan a caer en el burdo consumismo.

 

Seamos mejores cada día, amemos más, intentemos ser agradecidos por todo lo bueno que hay en nuestras vidas, y simplifiquemos nuestra existencia.

Simplificar significa forzosamente salirse de lo “convencional” y deambular la solitaria vía del autoconocimiento y del desapego. Esto te dará, sin duda, más satisfacción y felicidad que cualquier regalo de San Valentín.

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