¿Somos nosotros, o nuestras amistades?

¿Somos nosotros, o nuestras amistades?

29/10/2017 0 Por Victor

** Atención disclaimer, antes de que os asustéis, no soy Sara, jejeje. Clarificación hecha a tiempo para evitar confusiones. Es necesario, ya que esta es una entrada muy personal, y vais a ver que no concuerda con la vida de Sara.

El mundo de los amigos es muy importante en nuestras vidas. De qué personas nos rodeamos nos marca de forma decisiva, y de este modo favoreceremos un camino u otro. Y casi nadie está libre de ello.

¿Por qué elegimos a unos amigos y no a otros? ¿Cómo elegimos los amigos? ¿Son auténticos valores morales y éticos, o simples caprichos, ideas preconcebidas y conveniencias?

Podemos diferenciar varios tipos de amistades dependiendo de la edad. No elegimos igual a los amigos cuando somos unos niños que cuando somos más mayores.

 

Las amistades de la infancia

Yo creo que las relaciones que creamos en la etapa infantil no vienen marcadas por nuestra moralidad. Son un cúmulo de factores: compañeros de clase, vecinos, otros niños con los que te juntas en el parque… y el motor de criba que usamos es si nos divertimos con ellos o no.

 

Las amistades de la infancia

Las amistades de la infancia

 

¿Cuántas veces nos hemos juntado en el colegio con niños que se metían con nosotros o con los que no estábamos realmente a gusto? (No me ha pasado solamente a mí, ¿verdad?). Como formaban parte del grupo de amigos, permitíamos y aguantábamos su presencia. E incluso había momentos en los que te olvidabas de que te caía mal.

 

 

Amistades en la adolescencia

Si esos amigos se mantienen según vas creciendo, la cosa cambia. En el instituto hay un claro ejemplo de disgregación social. Nos juntamos por gustos, y por prestigio. No hace falta que explique mucho más, todos sabemos con quién nos juntamos.

Desde el momento en el que somos adolescentes, la amistad empieza a tener un papel remodelador. Nos juntamos con aquellos que son más afines a nosotros: si nos gustan los deportes buscamos amigos que hagan deporte; si nos gustan los videojuegos encontramos gente que juega también… Estos son sólo dos ejemplos, pero me sirve cualquier pretexto que funcionase en tu escuela.

 

Amistades en la adolescencia

Amistades en la adolescencia

 

La cosa es que ni en estos grupos coincidimos al 100%. Compartimos un “x” que nos permite forjar la amistad, pero hay partes de nosotros que no somos capaces de exteriorizar. El miedo al rechazo es patente en nuestra adolescencia. Cada cuál lidia con ello a su manera. Yo por ejemplo no compartía con mi grupo el gusto por la cerveza.

En muchos casos, sobre todo los que son más socio-culturales, acabamos sacrificando nuestra forma de actuar en pro de encajar. A lo mejor tú no tienes pensado fumar, pero como empiezan a fumar tus amigos lo pruebas, y acabas fumando cuando estás con ellos. Estos hechos nos moldean, tanto como los que nos imponemos nosotros solos (yo acabé bebiendo solamente cerveza cuando estaba con ellos).

Tener que admirar y comentar los culos de las chicas que pasan enfrente, criticar a la amiga que no está presente, fumar, beber… son ejemplos muy claros y sencillos de ver. Y qué me dices de no salir de casa sin llevar ropa oscura porque te juntas con “góticos”; no tener música en tu móvil que sea diferente del rap en español porque tus amigos raperos te critican; ligarte a la chica que te miraba poniendo ojitos en la discoteca porque tus amigos son los más “fuckers” …

 

“Dime con quién andas y te diré quién eres”

 

El ideal es que una vez crecemos, nos damos cuenta de lo que realmente queremos. Que cuando somos adultos tenemos amistades que nos aportan equilibrio y madurez.

No sé hasta qué punto eso es así. Me parece que preferimos estar mal acompañados a estar solos. Da mucho miedo enfrentarse a la soledad, porque sólo nos tenemos a nosotros mismos (esto lo trataremos en otro artículo).

Nuestra personalidad está construida sobre costumbres y conceptos que no compartíamos, pero hicimos nuestros por no desentonar con nuestro círculo de amistades.

Como es lógico, no cedemos siempre, ni con todo. Mantenemos algunos comportamientos por mucho que no los veamos en los demás. Pero estoy seguro de que todos hemos sacrificado más de lo que nos gusta admitir en nuestro fuero interno. En general somos débiles a las presiones sociales.

Cabe decir que, por supuesto, esta presión social también se da para bien. Si tus amigos son gente responsable, el estímulo que recibes es de coger las riendas de tu vida.

 

Dime con quién andas y te diré quién eres

Dime con quién andas y te diré quién eres

 

En un mundo tan conectado, con Internet en los móviles, redes sociales a patadas, no podemos esperar estar libres de influencias externas. Ninguno queremos ser un paria ni vivir solos toda la vida, pero sí que podemos elegir qué amistades guardamos en nuestra vida.

 

Y he aquí la cuestión que lanzo al aire:

¿Nos rodeamos de personas que nos empujan a mejorar?

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